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"Érase una niña a un libro pegada..."
"Érase una niña a su i-pod pegada"

Comix Cursors

lunes, 19 de abril de 2010

Cosas de lengua

Vale, sigo sin poder hacer nada con el IMM (Grr...), Aquí tenéis un par de trabajitos ed lengua, que no tengo tiempo de más. Sólo ed decir... ¡Es mañana, mañanaaa!


1º: Mi vida en seis palabras:
Yo vivo por y para vivir



2º Un pequeño relato sobre qué ocurriría si el mundo se quedara sin las tres palbras más bonitas de la lengua espanola (¿Os acordáis? Aquí) Titulado:

Mi (Paz), Leta (Luz), Rina (Sol):

Entro sigilosamente en el puesto. Robo tres pequeñas palabras (deduzco que monosílabas), y salgo pitando. Mis pies parecen no tocar el suelo, pero el pelo me impide ver bien. Lo recojo en una coleta no muy bien hecha sin dejar de correr.

Un par de calles más abajo, tuerzo a la derecha y me meto en un pequeño callejón.
Como en las películas, un par de guardias pasan por delante sin pararse a pensar que podría estar en el callejón. Antes de que recapaciten, subo rápidamente por la escalera de incendios.
Al llegar a mi casa, aunque sé que la puerta está abierta, llamo dos veces al timbre para indicar que traigo algo.

Me reciben las caras de mis dos hermanas, llenas de alegría porque traiga algo a casa: Leta (de Violeta), la pequeña, sólo tiene 10 años, y es punto intermedio entre mi hermana y yo: con el cabello de un rubio apagado, siempre recogido en dos trenzas. Es alta y flacucha, y tiene un carácter fuerte cuando se enfada, y apacible normalmente. Mi otra hermana, Rina (de Aguamarina),tiene sólo un año menos que yo, 14, y sin embargo me supera en centímetros por goleada. Tiene el cabello rubio platino, como mi madre. Es alta y esbelta, también como mi madre. Tiene un carácter capaz de levantar tempestades. Y yo, Mi (de Pensamiento), tengo 15 años, soy morena, como mi padre, siempre llevo el pelo recogido en dos trenzas. Flacucha y bajita, tengo un carácter apacible.

- Paz - digo. Las dos abren mucho los ojos, y después miran a su alrededor, buscando un cobrador. Los cobradores, nos cobran por decir cualquier palabra, hasta nuestros nombres, por eso nuestros padres buscaron unos diminutivos inexistentes, para que los cobradores no nos cobraran por decirlos, pero rápidamente los pusieron como palabras en el diccionarios, que ahora tiene 10000 páginas.

Les tiendo las otras dos palabras:

- Luz - dice la luz de la casa, Leta, con su inconfundible voz infantil, ojalá pudiera oírla hablar todo el día...

- Sol - dice Rina, en un tono que expresa la alegría y la furia, una mezcla extraña en una voz tan aguda, casi inaudible, como los silbatos que utilizan para apaciguar a los canes.
Rápidamente, comienzan a escribir en sus papeles. Para poder comunicarnos, los hacemos por papeles, que tenemos llenos de cosas. Pero para no malgastar mucho, también son hemos inventado una especie de lenguaje de signos, como lo de llamar un par de veces al timbre.

El papel que me tiende Leta, está escrito en su inconfundible letra infantil, y dice:
-"Me encanta Mi ¡En serio! Entonces puedo decir luz cuando quiera, ¿no? Eres de lo mejorcito, de verdad. ¡Me encanta!"
-"Gracias, florecilla del jardín. La verdad es que las cogí deprisa y corriendo, pero me alegro de que tú te alegres, porque ahora me espera una bronca con la Mar. El mar. La mar.
El mar. ¡Sólo la mar!
¿Por qué me trajiste, padre, a la ciudad?
¿Por qué me desenterraste del mar?"- le respondo. Ella sonría, y yo me giro para ver el papel de mi hermana, que contiene una laaarga parrafada, así que más me vale ponerme ya.

- "¿¡Qué narices has hecho?! ¡Has robado 3 palabras! ¿¡Acaso no sabes lo que pasa cuando robas una palabra?! ¡Y no digamos tres! Podrías haber traído comida, pero no la palabra, sino algo que nos alimente. O dinero. Mejor robar dinero que palabras. Estas rematadamente loca ¡Nos pueden llevar a las tres a la cárcel por tu culpa! ¿Es que no te has parado a pensarlo un momento? ¿Qué ocurriría? No, claro que no. Tenías que hacer como papá. Todo por instinto, sin pararte a reflexionar un instante. Normal que esté muerto."

No me digno ni a contestarle, y le rompo el papel en las narices. Odio que diga esas cosas de papá. En realidad, murió al pisar una mina. No por imprudencia. Pero Aguamarina intenta poner una escusa para que quede mal, porque justo antes de morir la castigó. ¡Tampoco es para tanto! Un castigo de limpiar, debería limpiar sin castigo, pero ella se enfadó, y él se fué a reflexionar y...
Oímos gritos en la calle, muchos gritos. De repente, nos quedamos a oscuras, iluminados solamente por las palabras "Luz" y "Sol".

La tres nos miramos en la semioscuridad, y nos asomamos a la calle. Allí nos recibe un espectáculo no muy acogedor, que digamos. Todo el mundo está peleándose, como si no existiera la paz, y es como una onda expansiva, avanza... y su centro es nuestra casa. Miro a Rina, tenía razón. Hemos robado tres palabras, y para el resto del mundo no existen. Que digo del mundo ¡del Universo!

Bajamos rápidamente la escalera de incendios, y hago lo único que se ocurre: le doy la palabra "Paz" a uno de los hombres que tengo delante, que va armado con una raqueta de tenis. Cuando un hombre le va a pegar por detrás, él le da la palabras, y el otro hombre (provisto de un bate), le pasa al siguiente, y nos quedamos embobadas viendo como la palabra avanza lentamente, de mano en mano. Nos quedamos así durante un tiempo, hasta que ya no llegamos a ver el leve resplandor de la palabra.

Entonces, se me ocurre otra idea.

Le señalo a mis hermanas el cielo, y hago como si tirara algo. Ellas me entienden y tiran la palabras al firmamento. Al momento, sale un Sol aún más resplandeciente que el anterior, como si hubiese renacido. Levemente cegadas, nos quedamos mirando el Sol un momento. Después, salimos corriendo, porque se acercan dos guardias, provistos con porras, para apresarnos por robo de palabras. Corremos varias manzanas, metiéndonos por callejones e intentando despistarlos, pero no lo conseguimos. Casi sin fuerzas, utilizo mi último recurso. Freno en seco, y mis hermanas me imitan. Los guardias, no consiguen frenar a tiempo, se adelantan un poco, y ese escaso metro nos salva. Salimos pitando en dirección al centro, desde dónde lanzamos las palabras.

Corremos y corremos, hasta que el Sol nos ciega. Cojo a mis hermanas de las manos, y las guío a ciegas por las calles, hasta llegar a nuestra casa. Entramos, recogemos nuestras escasas pertenencias, y salimos por la ventana.
Saltamos, caemos de pie (como los gatos), y salimos pitando hacia la caseta.
Justo antes de llegar allí, pasamos por dónde murió nuestro padre.
Le mandamos un beso, y nos perdemos en la lejanía, hacia la caseta. Tenemos el Sol detrás, por lo que vemos perfectamente la estructura de madera de la caseta, nuestra casa durante un tiempo. Un tiempo indefinido, quizás unas semanas, un par de años como mucho.
Porque tarde o temprano nos encontrarán, y entonces tendremos que correr. Pero estaremos preparadas para cualquier cosa, desde minas hasta guardias, pasando por hambre, sed de agua, palabras...

- ¡Hermanas! - se giran y me miran con los ojos como platos. A los pocos segundos, oigo la voz aguda de Rina, que me ha comprendido:

- ¡Podemos hablar, gritar, cantar! - dice, mientras coge a Leta en brazos y le da vueltas en el aire.

- ¡Bieeeeeeeeeeeeeeen! Me encanta vuestra voz, ¿a vosotras no? - dice, como una niña pequeña que acaba de descubrir el dulce gusto de las fresas.
Y nos reímos, y suena como las tres grandes campanas de una iglesia minúscula, y reímos, y reímos, y reímos, y reímos...




Y lo siento mucho, pero no tengo el relato con el que gané... (que penita, ¿verdad?sarcasmo)




¡Una imagen vale más que mil palabras, pero mil palbras pueden ser más bonitas que una imagen!

3 comentarios:

YaSs dijo...

la historia es preciosaaa me encantoo!!! deberias de poner mas relatos tuyos ^^
bss!

Sofi dijo...

hola, que buen blog! soy sofi :D

Mientras Lees dijo...

Hola guapa!!! el relato está muy bonito, de verdad nos ha encantado!!!!